Aún recuerdo cómo se movían inquietos buscando mi mirada, impacientes por descubrir qué se escondía en mi interior. Como dos bolas de cristal que no paraban de moverse, insistían desde esa distancia que nos separaba luchando porque ambas miradas se chocaran.
Aún recuerdo esa sonrisa, como expresaba el deseo, ese sentimiento inexplicable que le provocó mi entrada imprevista, inesperada.
Ese conjunto "mirada" y "sonrisa", al unísono, despertó en mí la curiosidad, la inquietud de sumergirme a través de esos ojos en un alma luchadora, arriesgada, sincera, como ella misma podía reflejar.
Seguí por un momento allí, acercándome cada vez más hasta lograr que sus ojos chocaran con los míos y se hablaran entre ellos; hasta conseguir que su sonrisa y la mía se fundieran en un beso.
Aún recuerdo esa sonrisa, como expresaba el deseo, ese sentimiento inexplicable que le provocó mi entrada imprevista, inesperada.
Ese conjunto "mirada" y "sonrisa", al unísono, despertó en mí la curiosidad, la inquietud de sumergirme a través de esos ojos en un alma luchadora, arriesgada, sincera, como ella misma podía reflejar.
Seguí por un momento allí, acercándome cada vez más hasta lograr que sus ojos chocaran con los míos y se hablaran entre ellos; hasta conseguir que su sonrisa y la mía se fundieran en un beso.
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